18-07-2001
ENTREVISTA
A LA ACTRIZ Y MARIONETISTA ANA ALVARADO
Los zapatos de las princesas
Cofundadora del grupo de
marionetas para adultos El Periférico de Objetos, la actriz acaba
de estrenar en el Teatro del Pueblo la obra infantil “El detective
y la niña sonámbula”. El uso del video es clave
en la puesta.
“Escribí esta historia recordando un cuento de mi infancia,
con unas princesas que querían ser libres y un rey bastante monstruoso,
de esos que cortaban cabezas”, dice la directora.
Por Hilda Cabrera
Inspirándose en una tradicional fábula infantil que
tiene por protagonistas a doce princesas, hijas de un rey desconfiado
y brutal dispuesto a saber adónde van sus niñas durante
la noche para que en la mañana sus zapatos aparezcan gastados
de modo tan ostensible, la actriz y marionetista Ana Alvarado, cofundadora
del grupo El Periférico de Objetos, escribió El detective
y la niña sonámbula, obra que también dirige y
puede verse en el Teatro del Pueblo (Diagonal Norte 946), los viernes
y sábados a las 16, y de martes a domingo, también en
ese horario, durante las vacaciones de invierno. La protagonista no
es aquí una princesa sino una chica del llano que solamente dormida
puede cumplir los deseos que la asaltan en la vigilia. “Piensa
que sus padres la tratan como a una nenita porque no quieren que crezca.
Ella tiene sueños románticos y desea escapar de esa tutela
que, cree, le quita libertad”, resume Alvarado en una entrevista
con Página/12. La autora obtuvo con esta pieza “destinada
a espectadores de 6 a 12 años” la Primera Mención
en el III Concurso Iberoamericano de Dramaturgia Infantil que organiza
periódicamente el Centro de Documentación del Títere
de Bilbao.
Intérprete en todas las piezas de El Periférico (entre
otras las celebradas Máquina Hamlet, Zooedipous y Monteverdi
Método Bélico (M.M.B.) e integrante del Grupo de Titiriteros
del Teatro San Martín, Alvarado no es una debutante en el teatro
infantil. Egresada de Bellas Artes y en sus inicios alumna del fallecido
maestro titiritero Ariel Bufano, lleva realizados varios espectáculos
para niños y adolescentes en calidad de autora (a veces coautora)
y puestista. Entre sus creaciones se destacan El niño de papel
(Premio Getea Teatro XXI 2000), estrenado por el Grupo de Titiriteros
del TSM; La travesía de Manuela y Oceánica, un mundo de
sirenas (con coreografías de Lanterno-Dorín). El detective...
es una apuesta en cooperativa con el elenco, compuesto por los actores
Adrián Canale e Ileana Brodsky, los marionetistas Javier Swedzky
y Alejandro Bracchi, Cecilia Candia (a cargo de la música), Rosana
Bárcena (vestuario), Susana Arrieta, diseñadora de títeres
y objetos junto al también escenógrafo Bracchi, Guillermo
Arengo (iluminador, en colaboración con Canale) y Tatiana Sandoval,
asistente de dirección.
–¿El teatro de títeres para niños exige técnicas
especiales?
–La diferencia con el teatro de objetos para adultos no está
en la técnica sino en los límites que le ponemos a la
manipulación. En mi trabajo con El Periférico puedo tomarme
ciertas libertades, comprensibles sólo para el espectador adulto.
Si hay violencia, ésta puede ser más explícita,
pero las técnicas son básicamente las mismas. Varían
según el espectáculo. En El niño de papel me permití
hacer una reelaboración de otras puestas y busqué separar
el texto de la acción. La voz no salía del muñeco
sino del actor, separado a su vez del muñeco. En El detective...
en cambio la idea es relacionar las imágenes que aparecen en
un video con el juego de los actores y el movimiento de los títeres,
que tienen más presencia en las escenas oníricas.
–¿El protagonismo del actor no interfiere en la fantasía
que despierta el títere?
–En otra época probablemente sí, pero hace tiempo
que se trabaja con el actor a la vista. Es un código instalado,
y a los chicos no les molesta. Ellos tienen muchas menos restricciones
que los adultos. Puede que los mayores duden entre observar al actor
y al muñeco para seguir la historia. Esto no pasa con los niños.
Miran lo que les gusta más, generalmente el objeto. Cuando olvidamos
esta característica, nos equivocamos.
–Una regla es entonces no apartarse del mundo infantil...
–Ni de su ritmo. De la increíble velocidad que tienen para
captar cosas que suceden al mismo tiempo. A veces cuesta llegar a entender
sus códigos. Nos obligan a buscar nuevas formas de diálogo.
–¿Cuáles, por ejemplo?
–En El detective... utilizamos el video. Esto nos permite jugar
con varios puntos de interés: la palabra, los muñecos
y las imágenes proyectadas. El video es un elemento más
para trabajar y ganar para la escena.
–¿Qué papel juega la palabra en ese contexto?
–La palabra no pierde valor si le llega al chico de manera clara.
Escribí esta historia recordando un cuento de mi infancia, con
unas princesas que querían ser libres y un rey bastante monstruoso,
de esos que cortaban cabezas. En mi historia, el padre de la niña
sonámbula es un hombre preocupado que se enoja fácilmente
pero ama a su hija. En la puesta aparece un auto casi a escala real,
que se transforma, y ése, creo, es otro elemento de atracción.
Los titiriteros tenemos un campo de acción muy distinto al de
los actores. El nuestro es el de los objetos, y lo más interesante
pasa por ellos y no por nuestro cuerpo. En esta obra el tema central
es el deseo de libertad y los límites que le ponen los padres
al querer preservar a sus hijos.
–¿Seguirá viajando con “El Periférico...”?
–Tenemos dos obras en preparación, que si se estrenan en
Europa es por el tipo de producción que concertamos pero no porque
no pensemos en la Argentina. En El Periférico me ocupo de la
dramaturgia o dirijo pero no escribo. Eso “se lo dejo” a
Daniel Veronese (otro de los fundadores del grupo, junto a Emilio García
Wehbi). Lo mío es la literatura infantil. Tengo dos obras a medio
hacer y una terminada, una historia de amor entre una ratona y un gato
que puede ser interpretada por actores, aunque la concebí pensando
en títeres. No diseño muñecos, pero podría
hacerlo. Estudié en Bellas Artes y me dediqué a la pintura
hasta que me pasé al teatro. Desde entonces mi imaginario es
de ellos.