| UN
LEVIATÁN TEATRAL
Un recorrido por la historia EL PERIFÉRICO DE OBJETOS en 8000
caracteres.
por ALEJANDRO TANTANIAN
EL
PERIFÉRICO DE OBJETOS fue creado en el año 1989 por Daniel
Veronese, Ana Alvarado y Emilio García Wehbi. Ellos, los tres,
en aquel tiempo, pertenecían al grupo de titiriteros del Teatro
San Martín (el más prestigioso de los teatros oficiales
de la Argentina); y, desde el interior de aquel elenco (que en un amplio
porcentaje dedicaba sus producciones al público infantil), deciden
crear (por fuera de la oficialidad) un espectáculo de objetos para
adultos. No hubo, en aquel momento, intención alguna de formar
un grupo, pero el azar o el destino quisieron que eligiesen un nombre.
La obra elegida fue la inefable creación de Jarry: provocación
textual que se transforma, así, en fundación y ars poetica
del grupo. Así nacen UBÚ REY (1989) y EL PERIFÉRICO
DE OBJETOS. El espectáculo traza, sobre un retablo y con manipuladores
vestidos en negro y encapuchados, el arco de la pasión del padre
Ubú. UBÚ REY trafica bajo el formato de un “común”
espectáculo de objetos para adultos cuantiosas sumas de crueldad,
cinismo y humor negro. Y es a partir de este tráfico de mirada
torcida y oscura que se crea uno de los lenguajes más originales
de la escena argentina. VARIACIONES SOBRE B. (1990) le pide a Samuel Beckett
(de allí la B. del título) algunos textos (Primer Amor y
Acto sin Palabras) y a partir de ellos (y no en ellos) se construye una
suerte de circo de fenómenos: allí están, arrojados
a la inmensidad desnuda de la escena, dos personajes: ciegos y mendigos,
cómicos trashumantes que, con absoluta precariedad de medios (planteada
esta carencia como estética y no como falta), narran la patética
y cruel historia de ese Primer Amor. Descubrimos también a J.,
un muñeco sometido a infinitas e inútiles pruebas con el
fin de acceder al ser: el ser se define, ergo, por lo que inútilmente
hace. Los manipuladores - sometedores de J. llevan barbijo y aquí
ya no son aquellos que vimos en UBÚ REY, aquí su presencia
es otra: mucho más inquietante y siniestra. En VARIACIONES SOBRE
B. nace uno de los componentes característicos de EL PERIFÉRICO:
la relación manipulador -objeto. A partir de estos personajes (los
“cirujanos” que someten a J. a las diversas pruebas, así
como los dos clochards ciegos que “representan” esperpénticamente
los avatares del Primer Amor) se crea la dialéctica que será
axial en el discurso del grupo. Esta relación sujeto - objeto se
transforma en discurso político: estamos en los comienzos de los
‘90, la democracia (iniciada en 1983 después de 8 años
de masacre militar) empieza a mostrar su falso rostro, y, en lo intestino
de EL PERIFÉRICO, se traza el arco que condensa la realidad política.
La relación “sujeto – objeto” nada tiene que
envidiarle a la relación “estado – sociedad”
en la Argentina de los ’90. Los “cirujanos - sometedores”
y los patéticos ciegos mendigos de EL PERIFÉRICO son sucedáneos
del poder político. Radicalizando aún más este discurso
llega en 1992 EL HOMBRE DE ARENA, personalísima traducción
del cuento de Hoffmann y de la lectura que del mismo hace Freud en Lo
siniestro. Aquí los actores - manipuladores son mujeres en negro,
mujeres en luto que, sobre una caja llena de tierra y mediante uñas,
palas y manos agitadas, proceden al rito reiterado de enterrar y desenterrar
a sus muertos. Los muñecos emergen de la tierra y se hunden en
ella: el ritual de muerte parece no tener fin y asoma la necrofilia en
el discurso. EL PERIFÉRICO da, así, su discurso más
potente sobre el pasado y el presente histórico de la Argentina.
No se partió de este discurso a priori, sino que fue hallado en
el interior de la obra: EL HOMBRE DE ARENA hablaba del horror desde Hoffmann
y Freud, y desde ellos habló el horror del país. No hubo
intención de decir (recurso recurrente y hartante del mal teatro
argentino) sino que fue dicho a pesar y a través de la obra. En
1993 llega CÁMARA GESELL, espectáculo que cuenta con la
actuación de Laura Yusem, directora y maestra de actores. Laura
Yusem es Tomás, un niño bajo estricta vigilancia (la CÁMARA
GESELL es el espacio limitado en uno de sus frentes por un espejo que
permite la visión por uno sólo de sus lados). Tomás
es un niño en una familia de objetos. Y así se completa
la dialéctica: los objetos dominan al sujeto o, para hacer aún
mas complejo el discurso: los objetos devienen instrumentos de los sujetos
(los manipuladores) para ejercer el dominio sobre otros sujetos. Puesta
en abismo. 1995 trae el trabajo que le permitirá a EL PERIFÉRICO
acceder a escenarios internacionales: MÁQUINA HAMLET de Heiner
Müller. El deseo era poner en escena un clásico “de
manera periférica” y Müller (sin conocer la necesidad
del grupo, claro) ya había escrito ese texto: MÁQUINA HAMLET
construye desde lo textual el andamiaje necesario para que desde la escena
se hable de temas nucleares del grupo. Junto a Dieter Welke (dramaturgista
del espectáculo) EL PERIFÉRICO DE OBJETOS construye uno
de los espectáculos más radicales y revulsivos de la escena
argentina . En MÁQUINA HAMLET se “salta” del retablo
a la escena, se abandonan los muñecos característicos del
grupo para presentar otra escala: es el turno del antropomorfismo. Los
objetos tienen aquí la estatura de los hombres, y la dialéctica
encuentra un nuevo pliegue. La primer escena del espectáculo presenta
una imagen fija en donde los actores se encuentran mezclados con los muñecos
que llevan sus rasgos y sus ropas: son lo mismo: idénticas facciones,
idénticas medidas. ¿Cuál es el límite entre
el objeto y el sujeto? Parece no haber borde entre ambos. Un muñeco
es descuartizado y exhibido como objeto de arte, varios muñecos
son apaleados y castigados hasta la muerte. Pero nada puede dar cuenta
de que los castigados, los descuartizados y los apaleados sean objetos.
El límite se borra y de esta manera el espectáculo desata
una violencia escénica sin precedentes: asistimos a la muerte reiterada
de sujetos a manos de objetos y somos testigos en la escena final (donde,
por una aceitada puesta en abismo, se incendia el teatro) a la destrucción
del género humano: única salida posible del laberinto. Mientras
tanto Hamlet (el artista, el pensador, la máquina) observa todo
desde la impecabilidad de su traje negro. El artista, el intelectual,
dice Müller, tiene el privilegio del asco. Y EL PERIFÉRICO
asume ese privilegio para hablar de su creación. Transforma este
espectáculo en declaración de principios: ya no asistimos
a una ficción, sino que la ficción cede su espacio al discurso
autoreferencial para así dar cuenta de la situación del
arte. El grupo se coloca así, en el centro de la discusión
política. CIRCONEGRO se estrena en 1996 y en él se lleva
al límite el discurso autoreferencial. EL PERIFÉRICO DE
OBJETOS traza una historia crítica de su propia trayectoria, se
burla de sí mismo, se ríe de su aparente solemnidad. Cuatro
presentadores de circo ciegos arman sobre el escenario una suerte de cabalgata
negra de fenómenos. Entre la desolación y el humor negro
se teje una historia en donde la representabilidad de la muerte pasa a
ser eje de discusión: ¿qué puede representar con
mayor eficacia la muerte: un objeto o un sujeto? La respuesta, a estas
alturas de la historia periférica, es obvia. Y es esta respuesta
la que comprueba CIRCONEGRO en cada uno de sus “números”.
El siguiente desafío fue la tragedia griega antigua. El punto de
partida debía ser una tragedia ampliamente conocida para poder
manipular el material sin la urgencia o el imperativo de “contarle”
la historia al espectador. Edipo parecía ser el mito que cubría
(sobradamente) estas premisas. Así, a través de un trabajo
que supo mezclar las pesadillas de Kafka y el incesto primigenio, se creó
ZOOEDIPOUS (1998). Además de objetos y actores en este espectáculo
se contó con presencia orgánica de otro tipo: una gallina
viva, insectos, arañas y un pollo que cobraba vida fueron los encargados
de renovar el paisaje objetal de EL PERIFÉRICO. Después
fue el turno de la lírica: MONTEVERDI MÉTODO BÉLICO
(2000) mezcló la tecnología, los madrigales de Claudio Monteverdi,
la batuta de Garrido y las pesadillas propias. Ahora (marzo de 2002) el
grupo se encuentra trabajando en dos proyectos: uno tiene como eje el
suicidio y el otro lleva a escena el ingente e imposible texto de Karl
Kraus: Los últimos días de la humanidad.
El Leviatán goza de buena salud y, pese a haber transcurrido una
severa distancia desde los tiempos del Génesis, nada parece predecir
el Apocalipsis.
Que así sea.
Alejandro Tantanian,
Buenos Aires,
Abril de 2002.
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